La comida rica y bullying a veces vienen de la mano

Queremos contar nuestra experiencia en Proper, un restaurant de moda de Buenos Aires, que fue fabulosa pero incómoda-chistosa a la vez.

Proper es un local en el barrio Palermo que cocina todo a leña y tiene miles de delicias para compartir.
Llegamos un jueves temprano tipo 8 para agarrar mesa (no se puede reservar) y como habíamos almorzado tarde decidimos primero pedir unos tragos y leer con calma la carta: grave error, la encargada del local no le gustó esto y nos presionó mucho a pedir rápido. Fue raro. Pero cedimos, pedimos para picar una paté de hongos con pepinos y mayo con un pancito glorioso. no nos arrepentimos.
Se nos ocurrió preguntar si podíamos salir con nuestros tragos a fumarnos un cigarro, esta pregunta gatillo un discurso de parte de la encargada, Natalia, en donde nos dijo poco empáticos  porque íbamos a dejar la mesa vacía mientras había gente que quería una mesa (habían mesas vacías y 0 gente esperando en ese momento) por lo que como buenos chilenos campestres le dimos una sonrisa gentil, pedimos dos platos más y salimos a fumar igual.
Acto seguido, la amorosa Natalia abre de golpe la puerta de calle y nos grita que no habíamos pedido nada. Entre risas nerviosas y semi llanto interno le explicamos que si, que estos dos platos “SOLO ESO??? Sólo pidieron eso?!?” Nos retó fuerte mientras la mirábamos con ojos de huevo frito. Explotamos de risa y entendimos que nuestra comida iba a venir con escupo – pero que igual iba a estar increíble -.
Entramos de vuelta con susto, pero ahora por suerte nos atendía alguien más domable. Llegó nuestro ojo de bife madurado durante 45 días hecho a la MANTEQUILLA que era para desmayarse, ay, y lo acompañamos con la mejor ensalada de apio de nuestra vida – se preguntarán “que tiene de especial una simple ensalada de apio?”- tenía muchas cositas que la hacía única, fuimos muy felices.
Llegó la hora del postre y teníamos susto de seguir siendo maltratados por lo que pedimos muchos flanes.
Queremos declarar que este es el mejor flan que hemos probado, se nos echaron a perder las papilas gustativas después de esta experiencia religiosa y no volveremos a disfrutar tanto un flan. Este flan vale todo el bullyng que nos hicieron.

Gracias Proper y Natalia por esta experiencia tan contradictoria.
PD: Nos atendió también Adriana, que a pesar de tener un sarcasmo excepcional era muy amorosa.

La comida rica y bullying a veces vienen de la mano